Contemplación de una linea imaginaria

Bryan Almeida


Diálogo con la cineasta Alexandra Cuesta

La noche que asistí al Teatro Muégano a la presentación de Territorio, documental experimental de la cineasta cuencana Alexandra Cuesta, me mantuve curioso, conmovido en cada secuencia de la película. Mientras retornaba a mi habitación, al sur de Guayaquil, volvía a los planos compuestos por la autora que permiten ser contemplados, indagados, como sucede con un mapa o una pintura. Ensayando respuestas sobre esa gran palabra, identidad, que hizo eco luego de la charla pos-película dirigida por la profesora y cineasta Libertad Gills (Guayaquil, 1984), recordé a Walter Benjamin (Berlín, 1892 – Portbou, 1940), quien afirmaba que la gran ciudad orilla en sus márgenes a un conjunto de habitantes, ya sea por su condición económica o por tradición. Esos espacios apartados, sin embargo, continúa Benjamin, albergan un reservorio de identidad que se desvanece en las ciudades y metrópolis. Desde la mirada de Alexandra Cuesta, quien decide hacer un viaje a través de las tres regiones principales del Ecuador en búsqueda de las imágenes que narran su largometraje Territorio, retrata montañas, ríos turquesas, caminos de tierra, barrios incrustados en el páramo andino y la Amazonía. Cuesta, a la vez, captura el paisaje de piel y huesos: niños, adultos, ancianos, gente que permanece en sus parcelas, lejos de la urbe.

CONSTRUCCIONES FUERA DEL PERÍMETRO URBANO 

En una entrevista para la revista El Apuntador, Alexandra Cuesta comenta: “Me interesa cuando una imagen dice más de lo que es. Tampoco es un símbolo o una metáfora. Es el impacto emocional de las imágenes, no puedes traducirlas a un significado demasiado puntual, te afecta como te afecta un poema”, concluye.  A partir de lo dicho por la autora encontré este poema del escritor Julio Pazos (Baños, 1944): 

Hay que traer los palos de distintas regiones.

Hay que darles hachuela

duramente

como se corta de raíz algún consolador espejismo.

Amarras los palos

y te sale una casa con pestañas de lata

donde no es posible retener ni la lluvia ni las lágrimas.

O te sale una casa ojerosa:

con poco sol, con poco aire,

 (…)

En todo caso, das a tu casa el color de la gana:

amarillo

del tórax del sol;

verde

de sacros papagayos

(…)

De noche

con el sueño abierto a territorio libre,

las moscas —por el decoro que deben a tu sueño—

van a su negocio

en las casas que son el orgullo de otra ciudad perdida.

 
¿Cuáles son los cineastas que reconocerías como cazadores de esa materia prima mágica con la que están cubiertas las historias cotidianas como las que se observan en tu largometraje?

Yo me formé como fotógrafa de calle, entonces mi trabajo está bastante enraizado desde esa experiencia, y mis primeros referentes han sido artistas que empezaron como fotgrafxs y que con el tiempo hicieron la transición de fotografía fija a imágenes en movimiento, por ejemplo, Paul Strand, Robert Frank, Helen Levitt, Johan Van Der Keuken. Me inspiraba mucho que estas personas trabajan con el entendimiento de que la imagen es la fuente del contenido en sí, y no solamente un fin para ilustrar la palabra. Ahora añadiría a referentes que vienen del cine experimental o de vanguardia, como Peter Hutton, Chick Strand, Glauber Rocha, Stan Brakhage, y del cine contemporáneo a gente como Chantal Akerman, James Benning, Agnes Varda, Robert Bresson.

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Me sucede que cuando veo una película intimista encuentro una sensación de composición del silencio, la misma que me permite una pintura, característica abundante pero no excesiva en Territorio. ¿Cuáles son tus referentes para componer la imagen guardando un cuidado técnico y emotivo como quien realiza un cuadro?  

Esta es una respuesta bastante larga, pero tiene que ver sobre todo con el proceso y no solo desde lo estético. Antes que nada, en Territorio, lo que más me interesaba era registrar el encuentro de la cámara con el sujeto y lograr un intercambio de tiempo. Al mismo tiempo quería resaltar la subjetividad del documental. El documental, al igual que la ficción, es una construcción. En este caso, una construcción mediada que busca documentar lo real, pero desde una mirada subjetiva. Todo lo que ocurre en la película, ocurre en la realidad, nada está puesto en escena. Pero quería jugar con la idea de la mediación como un acto performático y por eso escogí esta cámara fija, en donde se sienta esa construcción y, sobre todo, en donde se sienta la duración y este intercambio temporal.

Ya que tu formación académica fue como fotógrafa y entendiendo que la imagen estática y la imagen en movimiento están relacionadas, ¿qué posibilidades particulares has ido encontrando en el cine y el video-arte?  

Hablé un poco de esto antes, pero creo que lo esencial para mí es crear desde la cámara. Yo misma filmo, no trabajo con guion, trabajo con ideas. Esas ideas empiezan como una curiosidad y hay un proceso de investigación. Después de eso empieza un proceso empírico al estar con la cámara y mirar, coleccionar, y participar del mundo a través de esa herramienta. Ahí voy entendiendo lo que pensaba, pero en realidad es en la edición en donde aparece la idea. Casi como una escultura. Voy reduciendo imágenes hasta llegar a una raíz. Pero como dije anteriormente, todo empieza desde la imagen. La imagen causa un impacto emocional, y esa imagen al lado de otra, abre significados, y narrativas, y conexiones. La gran diferencia es que una imagen fija detiene el tiempo, congela, y las imágenes en movimiento son más generosas, dan tiempo. 

En un diálogo para el programa de radio Tan Lejos Tan cerca con Rafael Barriga (Quito, 1971) mencionas que está muy de moda usar arbitrariamente los planos largos. ¿Qué sentido encuentras en el uso de este recurso?, ¿cuándo consideras que una imagen debe detenerse, respirar, es decir, ser contemplada?

Sí, creo que esto es real. Siempre ocurre en cualquier medio, que algo se vuelve común, y la gente lo quiere probar, pero lo importante es tener una razón del porqué hacerlo y no solo porque se quiere dialogar con una tendencia. Hay que tener mucho cuidado con eso y siempre trabajar y crear desde la intención. Además, para mí es muy importante que el material y la idea me lleven a la forma. En Territorio yo pensaba mucho en duraciones, en intercambios, y en lo inmediato. Pero en realidad las tomas no son tan largas. Cuando hablaba de dar tiempo de respirar y sentir y detenerse, es porque estoy interactuando con lo que está pasando, estoy respirando atrás de la cama y sé que algo está pasando. Con el video hay que tener cuidado porque se podría grabar y grabar indefinidamente y después tomar decisiones en la edición, pero para mí esa modalidad es artificial, tal vez porque soy purista o porque estoy acostumbrada al celuloide, pero sé que hay que tomar una decisión en el momento de filmar: cuándo empiezo, cuándo termino, y creo que esa intencionalidad se siente en la imagen. 

[Sigo caminando de regreso a mi habitación. Antes de ingresar, sobre el manubrio de una bicicleta, un señor lleva una sarta de cangrejos, dos ancianos sobre bancos de madera escuchan boleros de Daniel Santos, una mujer detrás de una mata de girasoles se ventila con un diario Extra].     

NUEVA BÚSQUEDA

En Estados Unidos, la Fundación John Simon Guggenheim entrega anualmente una beca a artistas, investigadores y científicos. En nuestro país se han hecho con este mérito la escritora Gabriela Alemán (Río de Janeiro, 1968, con nacionalidad ecuatoriana), el escritor Jorge Dávila Vásquez (Cuenca, 1947) y la artista visual Karla Tobar (Quito, 1981). En 2018 se entregaron 173 becas entre una multitud de postulantes donde Cuesta obtuvo el incentivo en la categoría film-video junto con 12 ganadores. 

Cuando postulaste para participar, ¿te esperabas el resultado que obtuviste? 

Creo que nadie que postula para el Guggenheim se espera ganárselo y sobre todo no la primera vez. Fue algo maravilloso, una sorpresa, un reconocimiento enorme y sobre todo un momento de mucha libertad. En mi caso fue un poco distinto al caso de las personas a quienes mencionas porque en esos casos todavía la fundación tenía la modalidad de hacer dos competencias, una nacional, dentro de Estados Unidos, y una internacional. Lamentablemente la competencia internacional ya no existe. Yo apliqué en la de Estados Unidos porque soy ciudadana americana. Ese honor fue por esa razón aún más sorpresivo. En todo caso, realmente fue uno de los mejores días de mi vida cuando recibí la noticia. 

Cuéntanos sobre el proyecto fílmico que vas a desarrollar.

He estado trabajando en varios proyectos. El primero se llama Notas de Cámara. Es una serie de seis películas cortas filmadas en 16mm que pueden verse por separado o en conjunto. La primera parte será estrenada este diciembre, en Los Ángeles, en el REDCAT. Quise volver a trabajar con celuloide, y pensaba en la necesidad de entender al cine como una práctica diaria. El resultado es la acumulación de estas imágenes cotidianas y fragmentarias que se convierten en una especie de cine diario, o cine gesto, como lo llamo yo. Son películas pequeñas, es decir, documento cosas como la planta en mi cocina, la nieve en el invierno, gente en mi vida. Juntas, estas imágenes van contado sobre un momento de la cotidianidad, de manera abierta, y en ese transcurso, resaltan la potencialidad de que el material fílmico pueda llevar lo común hacia lo sublime.

El segundo proyecto es un largometraje que habla sobre una población andina en el Azuay, en donde viven ancianos muy solitarios, quienes aún trabajan la tierra. La película se enfoca en la vida interior de una mujer mayor y de una chica adolecente, y nos cuenta sobre los cambios y movimientos de un lugar a través de los sueños y las memorias de estas dos mujeres.

Y tercero, un proyecto sobre el mezcal. Estuve viviendo en México el anterior año y conocí a un maestro mezcalero quien me introdujo a la producción del mezcal artesanal. Para él es un tema político ya que sus decisiones en cuanto a este tipo de producción artesanal combaten contra la industria y la burocracia de las grandes corporaciones y monopolios del alcohol. También es político porque este maestro decide rescatar los conocimientos ancestrales de la planta, ancestrales y sociales, y enseña a los jóvenes del pueblo a producirlo.  

***

Alexandra Cuesta visitará la Universidad dentro de la programación de Interactos que se realizará en el mes de octubre. Es interesante imaginar qué registro recogerá su memoria de esta ciudad y sus habitantes, cómo percibirá el paso del tiempo, la influencia de un elemento natural cercano como el Río Guayas, cercano al smog y la multitud. 

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