Melissa Uzhca
Con la llegada de la lluvia, la estructura de la casa fue transformándose para advertirnos la presencia de algo espantoso. Vivíamos en el domicilio más antiguo del barrio y quizás en uno de los más bonitos. El primer piso estaba ocupado por la sala y la cocina, con reliquias hermosísimas además de valiosas. Los dormitorios eran pequeños y estaban en el segundo piso.
La adversidad comenzó en la misma época en la que Roberto, el menor de mis hijos, aprendió a caminar. Subía y bajaba las gradas con la emoción propia de la infancia. Caía y se levantaba para caer otra vez. Una mañana, mientras estaba en la cocina, escuché a Roberto llorar sobresaltado, pero fui incapaz de comprender su horror.
A medida que la lluvia se intensificaba, Roberto ya no quería subir por las escaleras, solo lo hacía en compañía de su hermana. La casa fue perdiendo firmeza. El agua se había filtrado por las paredes y por el techo, desprendiendo un olor amargo. La vivienda, semejante a un cartón mojado, se iba encogiendo.
Una tarde, en medio de la reclusión invernal, escuchamos un sonido anómalo que taladraba los oídos. Parecía el lloriqueo de un animal atrapado en las escaleras o un grito de tristeza. Era terrorífico y otras veces hasta generaba simpatía, como si saliera de una criatura indefensa. El ruido se extendió a otras partes de la casa y con el pasar de los días, se tornó insoportable.
Abandonamos la vivienda, pero pasado el invierno regresamos para ver en qué condiciones se encontraba. Sentí lástima al ver el deplorable estado del que había sido nuestro hogar. Decidimos ingresar. Los niños permanecieron en el primer piso y yo me dirigí a las habitaciones, ahora deformadas y pestilentes.
Mientras subía las escaleras, el sonido punzante resurgió. Corrí hacia mis hijos y no pude contener el llanto al ver que era Roberto quien, con deleite, imitaba al esperpento que tanto mal nos había causado.
Comentarios por Universidad de las Artes
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Hola Jordy, puedes encontrar el trabajo en la página web ...
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Buenas tardes Vicente. Muchas gracias por tu apoyo.
Jardín de pulpos, Arístides Vargas. Primera entrega
¡Hola Josué!, muchas gracias por tu comentario. Esperamos muy pronto ...