Albert “Camí”

Kevin Ramírez

kevin.ramirez@uartes.edu.ec

«Se me ha ido la inspiración», pensó Harpo una vez llegado al estado de apnea respiratoria, a 50 metros bajo la superficie. Le causó mucha gracia su chiste.

«¡La inspiración! ¡Se me ha ido la inspiración! El mejor chiste del mundo ¡y no hay nadie para escucharlo!», se repetía y repetía mientras bajaba más metros y se lo iba tragando la oscuridad del abismo.

Harpo se había entrenado mucho para practicar la apnea submarina, pero no era una persona que se concentrase bien. Se empezó a reír y, a la primera bocanada de agua, le estallaron los pulmones. El cerebro y la conciencia de Harpo se desvanecieron y su sangre se diluyó en el mar. Su cuerpo empezó a caer a mayor velocidad al abismo infinito del mar, superando todos los récords de profundidad habidos y por haber.

Harpo consiguió suicidarse cuando más motivos tenía para reír…

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