Raymita Tantarinakushun (Nos encontraremos al celebrar)

Nicolás Mora


Ilustración: Niza Ochoa

Basta considerar el contexto de cada uno para atestiguar que el etnocentrismo no se ha superado y que, por el contrario, en la actualidad se aplican políticas públicas y se realizan acciones conjuntas que cumplen con la aparente benevolencia de una ‘inclusión’ pero que, tácitamente, consigue el exterminio de las alteridades. Todos nosotros podemos asegurar que vivimos procesos derivados de estructuras de pensamiento universalizadas por discursos hegemónicos, y naturalizadas por instituciones gubernamentales y académicas. Por lo tanto, mi intención será discernir dichas actitudes desde otras aproximaciones críticas a las nacionalidades y pueblos indígenas.

Aproximaciones críticas a lo indígena

Antes que nada, debe resolverse que la insurgencia histórica y vigente, característica de los pueblos andinos, ha irrumpido políticamente, y más de una vez, el intento homogeneizador de la sociedad moderna. Lo demuestra las históricas movilizaciones indígenas y las diversas organizaciones fundadas para oficializar su representación política y para velar por sus intereses, así como también lo hace la pervivencia de los elementos identitarios inscritos en su cultura aún en contextos y con factores en su contra. Lucha que constituye el espacio de quiebre donde se enaltece la resistencia y permanencia de saberes durante milenios.

En la actualidad, los diversos pueblos y nacionalidades del Ecuador asumen procesos dedicados a la reivindicación de su identidad y procesos de reinvención en el campo cultural y político para la legitimación de sus derechos y para la consagración de su pertenencia a la sociedad. Este tipo de planteamientos reclaman autonomía cultural desde procesos asumidos por la propia comunidad como es la práctica y transmisión de saberes y tradiciones. Siendo así, todos tendremos que considerar nuestra aproximación a las culturas indígenas y admitir que la definición de la sociedad mestiza incluye rasgos culturales de los pueblos y nacionalidades indígenas.

El ritual andino

La práctica de los diversos saberes y tradiciones son un componente valioso para la constitución del espacio políticamente discursivo. En este caso me enfocaré en el ejercicio del ritual andino, cuya celebración corresponde a las festividades marcadas por el calendario solar —solsticios y equinoccios—, que funcionan como fechas de transición entre los distintos periodos agrícolas, y que se constituyen como espacios sociales para la exaltación de su cultura. Son cuatro las fiestas más importantes en el Tawantinsuyu: el Inti Raymi y el Kapak Raymi, asociadas a los solsticios, y el Pawkar Raymi y el Kolla Raymi, asociados a los equinoccios. En los diferentes rituales que forman parte de estas fiestas, el runa andino celebra su vínculo con la naturaleza y no su dominación. El runa andino se consagra como parte de un mundo vivo en constante flujo de energía y movimiento.

Hablar del ritual indígena kichwa es hablar de la experiencia del runa andino en el ámbito cotidiano y en el sentido amplio de lo social; es hablar del poder de la palabra en lengua kichwa; es considerar los acontecimientos históricos y la herencia colonial. Hablar del ritual indígena es hablar de la creencia en lo terrenal y en lo divino, el correspondiente Uku Pacha, Kay Pacha y Hanan Pacha; es vivir un tiempo que no tiene la imagen de una flecha, sino la representación de un reverso cíclico en una huella de serpiente. Es hablar del carácter insurgente de la cultura en las diferentes expresiones artísticas, su danza, su música. Sus rituales enaltecen una manera de ser y de sentir, una manera de concebirse en el mundo.

Habrá que considerar que el ritual andino atraviesa procesos de reinvención; es decir, que las representaciones rituales y artísticas integran elementos de diversas tradiciones, a modo de ajustes sincréticos, donde no se desplazan los significados propios de la cultura. Por eso no debemos preocuparnos por observar elementos en común con las tradiciones occidentales, puesto que la configuración del sentido ritual es enteramente andino, independientemente de la diversidad de sus representaciones. Es igualmente importante reconocer que no es casual el ordenamiento de sus territorialidades, como de su temporalidad, puesto que dichas comunidades han constituido sus raíces culturales a partir de su relación con el territorio y los astros desde hace miles de años. En el estrecho vínculo de identidad y territorio, el hábitat es considerado como la base material de la existencia, siempre ubicado en los márgenes espaciales de los ordenamientos ideológicos de los estados-nación y de los recientes planes de modernización y desarrollo.

Este tipo de manifestaciones culturales, como muchas otras, son muestras de rebeldía y de pervivencia de una cultura históricamente subordinada. Los valores consagrados en dichas expresiones viven en el ejercicio de resistencia a la mirada que desvaloriza, excluye y cataloga sus expresiones como folclóricas, desde una visión paternalista, exotizante e ilusoria de la cultura. El ejercicio de revitalización cultural no solo está a cargo de sus actores sociales, sino también de todos quienes nos enfrentamos a las fuerzas del conocimiento hegemónico.

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