Sobre el cine que no vemos, Rafael Plaza

 

Un hombre se escabulle para buscar un arma que está oculta bajo una piedra a la sombra de un árbol. Un periodista huye con su cámara de fotos, mientras, es perseguido por el bosque de una montaña. Ambas escenas pertenecen a películas del cine de Ecuador, pero muy pocas personas las reconocerían sólo por el hecho de que estas cintas no han tenido la misma difusión de otras producciones, tanto Una noche sin sueño (2016) del director esmeraldeño Jackson Jickson, filmado en la Isla Trinitaria; así como Killa (2017) del realizador otavaleñó Alberto Muenala, largometraje hablado en un 50% en idioma kichwa, que son los filmes a los que pertenecen las escenas, tienen en común el factor de un número reducido de espectadores y una menor cantidad de exposición, debido a ser realizadas con recursos más independientes y formas distintas de distribución.

No se está hablando aquí de la calidad técnica o artística de ambas películas, sino más bien, de lo poco que conocemos del cine que se realiza en nuestro propio país, el desconocimiento que implica que ignoremos que se están desarrollando productos audiovisuales en ciertos barrios de Guayaquil de forma comunitaria, o el que significa que no sepamos que existe una gran producción de cine kichwa en el Ecuador.

Ahora, ¿cómo se aplica esa falta de exposición en un rango global? Quizá el continente del que menos producciones cinematográficas nos lleguen noticias sea el territorio africano, esto a pesar de que Nigeria posea la segunda industria cinematográfica más grande del planeta (conocida bajo el nombre de Nollywood), que se encuentra debajo solamente del Bollywood de Bombay, India; e incluso sobre el Hollywood de Estados Unidos, lo que significa que se realizan más producciones fílmicas en este país del oeste africano, que en los estudios de Los Angeles, California. Sin embargo, eso no facilita que podamos observar esas películas o que nos lleguen novedades sobre ese mercado.

Pero entonces, si además aumentamos el hecho de que un dictador al mando cierre la industria audiovisual de un país en su totalidad, por más de veinte años, la dificultad para que un filme tenga una proyección internacional es casi imposible. Estos son los obstáculos que tuvo que afrontar el cineasta Djo Tunda Wa Munga en su país natal del Congo, cuando el militar Mobutu Sese Seko se asentó en el poder, por casi treinta y un años, de la entonces llamada República de Zaire.

El filme Viva Riva! (2010) de Djo Tunda Wa Munga, un thriller de crimen que se desarrolla en Kinsasa, capital de la República Democrática del Congo, fue la primera película de este país en ser producida en más de dos décadas, luego del cierre instaurado por Mobutu, a pesar de que este había fallecido en 1997. El largometraje logró estrenarse en dieciocho países de África, y consiguió doce nominaciones en los Premios de la Academia Cinematográfica Africana, de los cuales ganó seis, incluyendo el de mejor filme, estableciendo así el record de más reconocimientos ganados por una película en el certamen, además de ganar dos galardones en Estados Unidos. Lo cual no representaba poca cosa para una cinta proveniente de un país donde las salas de cine habían dejado de existir.

Es obviamente fundamental el apoyo a nuestro mercado cinematográfico, iniciando por el acto de conocer el cine que se produce en el país, que esperamos jamás tenga que atravesar las circunstancias de la república congolesa; y una adecuada manera de analizar nuestras posibilidades, es poder observar estos ejemplos provenientes de naciones que al igual que la nuestra, no poseen una industria establecida y se encuentran en crecimiento.

El director Djo Munga estará presente en Guayaquil durante los eventos enmarcados en el festival Interactos organizado por la Universidad de las Artes, y que se realizará del 7 al 10 de noviembre del presente año.

 

 

1 Trackback / Pingback

  1. Sobre el cine que no vemos – inter [•] actos – Tercera Edición 2018

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*