Mell Hungría

Matate, amor, la primera novela de la escritora argentina Ariana Harwicz, constituye una de las irrupciones más potentes y radicales de la literatura latinoamericana contemporánea. Publicada en 2012 por la editorial Lengua de Trapo, la novela propone una experiencia narrativa en la que el lenguaje deja de cumplir una función representacional y se convierte en una extensión del pensamiento interno.

La historia (si es posible hablar de trama en un sentido convencional) sigue a una mujer extranjera que vive en un entorno rural europeo, quien es madre de un niño pequeño y esposa de un hombre apenas presente. A lo largo del relato, su mente se desmorona de manera progresiva. El espacio que habita, agreste y silencioso, lejos de ofrecer refugio, opera como una fuerza hostil que intensifica su malestar. En ese contexto, el cuerpo de la protagonista se convierte en un territorio sitiado, escenario de una lucha constante entre pulsiones eróticas, fantasías de muerte, una maternidad impuesta y un persistente deseo de aniquilación.

Se trata de una novela breve y demoledora. Harwicz arroja al lector al incesante monólogo interno de una mujer cuyo mundo íntimo se encuentra al borde del colapso. Desde las primeras páginas, la narradora aparece como una figura dislocada: habla sola, se siente exhausta por la crianza, hostigada por la ineficacia de su marido y profundamente aburrida de su entorno llegando a reconocerse más en los animales salvajes del bosque que en las personas que conforman su vida cotidiana.

La escritura, aguda, áspera y urgente, reproduce este estado de desgarramiento continuo. No hay una trama central ni un desarrollo lineal de acontecimientos, sino una sucesión de pensamientos en bruto que avanzan por acumulación. El personaje principal espía, desea, imagina; insinúa haber cometido actos indecibles y, en otros momentos, parece entregarse a la

alucinación. Nunca hay resolución ni cauce posible. Lo único constante es su rechazo frontal a los roles que la sociedad le impone.

Este rechazo se ve reforzado por una estrategia narrativa significativa: los personajes principales carecen de nombre propio. Son el esposo, el suegro, el bebé, la madre. Esta despersonalización subraya el carácter estructural de los vínculos que oprimen a la protagonista. Cada frase del relato transmite un malestar existencial irreconciliable con la vida que le ha sido impuesta.

La forma en que Harwicz narra esta crisis excede lo puramente psicológico y adquiere una dimensión crítica. Como sostiene Roberto Fernández Retamar en Para una teoría de la literatura hispanoamericana, una literatura verdaderamente latinoamericana no puede limitarse a reproducir modelos heredados de la tradición europea, sino que debe responder a sus propias condiciones históricas, subjetivas y simbólicas. Aunque Matate, amor transcurre fuera de América Latina, su perspectiva es la de una escritura situada en el margen, que no busca integrarse ni universalizarse. La extranjería de la protagonista es geográfica y simbólica, al quedar fuera de las normas del amor romántico, de la familia nuclear y de la maternidad como destino natural.

Esta desubicación geográfica y subjetiva puede pensarse también a partir de reflexiones como las de Ezequiel Martínez Estrada en Radiografíadelapampa, donde se analiza cómo el entorno rural puede generar una violencia simbólica capaz de desfigurar al sujeto. En la novela, la naturaleza tampoco aparece como un espacio armónico o neutral, los campos, los árboles, los animales y el paso de las estaciones funcionan como espejo y catalizador de la angustia del personaje. De modo que el paisaje se presenta como una fuerza silenciosa que contribuye a la desestructuración mental. La mujer de Matate, amor es, en este sentido, una figura progresivamente animalizada, acosada tanto por el entorno como por sí misma.

De igual manera, a diferencia de otras novelas en las que el sufrimiento femenino encuentra redención en el amor, la maternidad o la escritura, Matate, amor no ofrece ninguna forma de salvación. La protagonista no mejora, no aprende ni se transforma y es esta negativa a narrar una evolución o una resolución la que inscribe a la novela en una línea crítica que desafía los relatos conciliadores.

Finalmente, Matate, amor se impone como una novela brutal, incómoda y necesaria, que recurre a una escritura cortante y corporal para desmontar las narrativas tradicionales sobre la

maternidad, el deseo y el amor. Es un texto latinoamericano en el sentido más radical del término: no por su localización geográfica, sino por su decisión de escribir desde el margen. Una obra clave para pensar las nuevas escrituras del cuerpo y la locura dentro de una tradición crítica que, como sostiene Fernández Retamar, no puede sino ser política en su forma misma.

Bibliografía

Harwicz, Ariana. Matate, amor. Madrid: Lengua de Trapo, 2012.

Fernández Retamar, Roberto. Paraunateoríadelaliteraturahispanoamericana. Bogotá: Instituto Caro y Cuervo, 1995.

Martínez Estrada, Ezequiel. Radiografíadelapampa. Buenos Aires: Editorial Losada, 1933.

Mell Hungría es estudiante de la escuela de literatura de la UArtes y parte del comité editorial de Tangente. Ha participado en diversas publicaciones literarias así como en congresos de la materia.